Este ensayo fue escrito por Emilia Salazar. Puedes leer más de la autora en la biografía al final del texto.
Quiero ser una mujer a la que le dan flores, porque sí, las quiero. Porque quiero saber que pensaron en mí, que ocupo parte de las cabezas y corazones de personas que no me quieren perder. Quiero ser una mujer que da sus memorias, sus miedos, su mente y su tiempo. Dar lo que soy sin sentir que es demasiado, porque no lo es, solo tal vez no tienes suficiente espacio para mí.
Quiero ser una mujer que cargue en su cuerpo la memoria de todas las personas a las que ha amado, llevar sus nombres tatuados en la piel como un mantra de amor. Quiero entregarme sabiendo que no todos crecieron con los mismos prejuicios que la sociedad les impuso a las mujeres como yo. Mujeres que nacieron para ser libres, para volar y explorar. Mujeres que quieren sentir y conocer, sin miedo al reproche o al sentimiento de un vacío que llega cuando te das cuenta de que abriste tu alma y solo encontraste manos que tomaron sin sembrar nada a cambio.
Ese vacío que llega cuando alguien confunde tu valentía por debilidad, tu generosidad por obligación y tu apertura por ingenuidad. Ese vacío que nos enseñaron a esperar, como si fuera el precio natural de atrevernos a querer en voz alta. Porque eso nos enseñan y por eso nos guardamos. Nos guardamos y escondemos, cortamos nuestras alas y vivimos una vida gris, pensando que esto nos hace valer más ante los ojos de aquellas personas que odiamos las mujeres como yo.
Entonces si tanto las odio, ¿por qué me sigue importando lo que piensan? ¿por qué me atraviesa su juicio como si viniera de alguien que merece juzgarme? Como si fueran perfectos, como si no tomaran las mismas decisiones que yo; solo que tú eres el ser que quita, y yo soy el ser que da. Tú arrancas y yo siembro raíces hasta en el desierto. Siembro raíces hasta en el lugar más árido sabiendo que las pueden arrancar sin remordimiento.
Pero así somos las mujeres como yo, sembramos sin esperar que nos rieguen porque dar es lo que somos. Pero ¿quién me enseñó que dar es lo que soy? ¿Por qué me he convencido de que la única manera de lograr que se queden es entregándome? Porque no es lo mismo dar porque sobra, que dar para que no falte.
Yo ya no quiero dar desde un vacío, quiero dar desde la abundancia. Quiero elegirte porque tengo de sobra, no porque tenga miedo de que si no doy no valga. Porque dar desde ahí no me hace débil, me hace entera. Me hace una mujer que siembra porque el acto de sembrar le pertenece, no porque esté esperando que alguien le devuelva la tierra. Porque las mujeres como yo ya no sembramos en tierras que nunca fueron nuestras. Y la tierra más importante que tengo para sembrar es mi cuerpo. Mi cuerpo que no es territorio de conquista, así que no me metas en una guerra en la que jamás quise participar. Porque yo no soy campo de batalla, soy templo. Y en mí hay cantos y sacrificios, historia y memoria. El fanatismo de quien me quiere como trofeo y no como presencia, destruye lo sagrado. Y yo no voy a ser destruida.
Quiero ser habitada con cuidado, con reverencia, por alguien que entienda lo que significa que te abran las puertas de un lugar así. Porque las mujeres como yo no solo creamos vida, la expandimos. No te damos una comida, te damos una ofrenda. No te damos una casa, te construimos un hogar. No te damos compañía, te damos presencia. Y eso no es poco. Eso es todo.
Emilia Salazar. Soy científica computacional especializada en inteligencia artificial avanzada para la toma de decisiones. También soy pintora, poeta y ensayista, convencida de que el pensamiento creativo y el rigor analítico son el mismo músculo.



