Para Bath, sin palabras
Fotografías de un viaje.
Yo, que nunca he pisado Inglaterra y que mi conocimiento se limita, tan solo, a lo que he visto en libros y he escuchado en canciones, he ido, al menos, a un pueblo. gracias a las fotografías de Mercedes Cerrotta. Eran de Bath. Más precisamente, de su estación de trenes a la que había llegado para visitar el pueblo.
Las vi en Substack y, de inmediato, le escribí a la autora. Me envió más fotos y, con ellas, expandió lo que sabía de Bath, de sus calles y de su clima.
No puedo hablar de sus impresiones; tampoco de sus motivos. El pueblo se le conoce por unos baños romanos que perduran hasta hoy día. También por haber sido casa de Jane Austen y, más recientemente, haber sido sede de un par de escenas de aquel show Bridgerton. Algo de eso habrá inspirado el viaje.
Lo que sí puedo es, por mi parte, y me parece digno, hablar de mis impresiones tras ver sus fotografías. Puedo decir, por ejemplo, que Bath se me asemeja a un museo gigante donde, en cada esquina, hay algo de historia; donde hay estatuas romanas en lo que parece un balcón—pero, en realidad, es un museo—y baños de hace milenios que reflejan edificios de hace siglos. Me daría miedo, con lo torpe que soy, tropezarme y romper algo—sentí, incluso, esos nervios—.
Veo que hace un poco de frío que, para mi, siendo del Caribe mexicano, sería harto de frío. Veo cómo el sol alumbra un par de calles por las que gravitaría, esquivando las sombras como un niño esquiva las grietas del pavimento.
Y lo que es más, veo misterios que no entiendo y que solo Cerrotta podría explicar. Veo un globo aerostático sobrevolando el pueblo como, en México, se hace en las ruinas de Teotihuacán. Veo una mujer que espera su tren, audífonos blancos, a quien nunca conoceré y con quien nunca podré hablar. Veo algo flotando sobre las aguas del baño romano que, espero, sea una hoja pero temo es basura.
Estoy lejos de Bath—tan lejos—sentado en mi cuarto en algún rincón de la Ciudad de México. Mismo que podría describirles como acogedor pero desordenado, con suficientes libros para durarme una vida que, sin duda, pasaré en otros rincones. Pero el mero hecho que no pueda capturar con la misma certeza que Cerrotta lo que tengo aquí, a un lado mío, muestra también los límites de la palabra y la capacidad que tiene la fotografía para contar historias a la par de la literatura.
He hablado ya de más. Dejo, mejor, lo que ha hecho Cerrotta para que ustedes, también, sentados donde estén, puedan respirar el aire frío de una tarde por Bath.




























Gracias por compartir este foto ensayo! Algo que aprendí de ese viaje a Inglaterra es que es un paisaje muy leído y escuchado, todo te suena constantemente, de algún modo ya había estado ahí. Me parece hermoso que estas imágenes hayan complementado un poco ese paisaje, sentí que lo caminabas a través de las fotos.