La gente del lago
Foto ensayo de Gastón Zilberman
A modo de prólogo
por JL Sabau (Editor general)
Esta historia, aunque contada del presente, debe narrarse en pasado. Al menos, debe pensarse en el pretérito—como, quizá, estamos condenados a hacer todas las personas; cargar nuestro pasado con nosotros—. Solo con ese tiempo puede entenderse los pesares actuales.
La historia se da en Bolivia, en el corazón de la América del Sur. El país que, por excelencia, se quedó sin acceso al mar tras conflictos con sus vecinos y que, desde hace años, le quedan, tan solo, sus lagos y ríos como fuentes de agua. Ahí donde, por obvias razones, el agua pesa más.
Se da, también, en un espacio concreto; uno solo de sus mantos acuiferos: el lago Popoo, hogar de los Urus. Por siglos, vivieron a un costado de sus aguas, armando casas en sus costas, navegando entre sus olas diminutas y viviendo de los peces que pescaban. Por años, su vida se definió con el lago mismo, al grado que, en su idioma, la palabra con la que se denominan es qotzuñi; hombres del lago.
Y, ya de último, se da en un tiempo: lo que sucede tras el 2016; lo que ocurre cuando, tras años de dependencia y hermandad, el lago Popoo se seca por la actividad minera en la zona. Ahora, queda tan solo un vacío donde antes estaba el agua. Quedan, también, sus gentes; siguen en el lugar.
Gastón Zilberman fue al lago; o, mejor dicho, al lugar donde el lago estaba—de nuevo, el pretérito—. Fue junto con Micheal Salama; juntos, hicieron un corto documental para que el mundo supiera lo que pasó ahí, en un lago que no es lago, en un país sin mar. Las fotografías de este foto ensayo son de la región; son testimonio de lo que ocurrió con el lago Popoo.
Son, sobre todo, fotografías de su gente; de los hombres y mujeres del lago que han tenido que perseverar en un mundo donde su nombre ya no significa lo que son, si no lo que fueron; donde qotzuñi se reescribe a la gente que fue del lago o la gen te que ahí continua aunque el lago se ha ido. Son imágenes del tesón de un pueblo pero también de la confusión. En los rostros está la sorpresa de ver cómo la realidad que se consideraba ineludible puede desaparecer; también, innegable, una tristeza profunda de los que se meten al lago para ver solo su ausencia.
Pero, como siempre, es mejor dejar que las fotografías hablen por sí mismas.
Agradecemos a Gastón Zilberman por compartir estas imágenes. Él, junto con Micheal Salama, filmaron el cortometraje Qutoztuñi: Hombres del lago. Si quieres ver el trailer, puedes hacerlo en el siguiente enlace:















