Aquella fila de personas era larga. Larguísima. Tan larga que no se podía ver el principio. Al final de la cola se encontraba don Ramón.
Don Ramón, con sombrero de copa y más capas de ropa que una cebolla, revisaba desde el final de la cola la multitud en fila. De repente, un sonoro grito lo sacó de sus pensamientos:
—¡Lo que me faltaba! —justo detrás de don Ramón se colocaba un señor rechoncho y semejante a una coliflor vestida—. ¡Una cola torcida!
Don Ramón, consternado, se palpó sus propias posaderas:
—Disculpe, señor. Pero yo no tengo cola, y menos torcida.
—¡No usted! —el señor señaló todavía más enfadado la fila—. ¡Esta cola maldita! —¿Por qué dice que está torcida?
—¿No lo ve? ¡La cola de gente está torcida! ¡No soporto los renglones torcidos, ni las colas de personas torcidas.
Inmediatamente, un tercer señor, alargado como un apio, se presentó y se colocó detrás del señor enfadado:
—Disculpen, caballeros. ¿Ésta es la cola?
—Sí —exhaló el hombre coliflor—, ésta es la bendita cola torcida.
El tercer integrante irguió su ya de por sí alargado cuello, perdiendo la vista de la multitud en fila: —Yo no la veo torcida.
—¡Sí que lo está! Lo percibo.
—Debe tener razón el señor —refutó don Ramón—, pues ha mirado desde arriba y es bastante alto. No obstante, el señor coliflor se mantenía en sus trece:
—¡No! Y como si fuera una jirafa. Esta cola está torcida, y punto.
El hombre apio advirtió con vergüenza:
—He de reconocer que solo veo hasta la esquina. Quizá más adelante esté torcida. —¿Lo ve? —dijo el hombre coliflor. Su tono arrogante hirió el pequeño orgullo de don Ramón, inquiriendo:
—¡Bueno! Y si estuviera torcida, ¿qué? ¿Qué problema hay?
—Las colas torcidas no traen nada bueno, señor. ¡Nada bueno! Es esperar sobre una forma imperfecta, malévola.
En ese momento, don Ramón se percató de algo. Se dio la vuelta, observando la hilera de gente delante de él. Tras un breve silencio, habló de nuevo:
—¿Y qué estamos esperando exactamente?
Tras sus palabras la estática multitud, que no se había movido en todo ese tiempo, comenzó a andar. Fueron al principio pasos cortos, que progresivamente se incrementaron: de pasos cortos a zancadas intermedias, y luego saltos furtivos y largos. Don Ramón no podía seguir el paso. Antes posicionado delante del hombre coliflor, vio que iba mucho más rezagado, incapaz de sincronizarse con el ritmo de la multitud. Terminó entre el hombre apio y el hombre coliflor, bramando y sudando su pobre sombrero de copa.
—¿Qué está pasando? —pudo decir, entre jadeos.
—¿No lo ve, señor? —respondió el hombre apio, girando su cuello como una veleta—. Estamos en la deadline.
—¿Deadline?
—¡Deadline! —aulló el hombre coliflor, como si se tratara de un grito de guerra. —¡La línea de muerte, señor! El final de la entrega. ¡Nuestra muerte!
La hilera humana se convertía en un tren de alta velocidad. Era tan veloz, que don Ramón avanzaba a pesar de ir trastabillando. No sentía su propia respiración, ni cuando su sombrero de copa se escapó de su pulcra cabeza. Ni siquiera sentía la presión por estar atrapado entre el hombre coliflor y el hombre apio. Iba veloz, junto a la cola. Iba atravesando calles, avenidas, valles. Iba con tanta aceleración que don Ramón no sintió cuando sus pies no tocaban el suelo.
Aquella cola de personas, veloz y ligera, atravesaba el cielo como un cohete. Rumbo al espacio, a lo desconocido e infinito. Recorrieron Marte y el cinturón de asteroides. Pasaron junto a los anillos de Saturno, cada vez más rápido. Don Ramón tampoco sintió cuando atravesaron la barrera del sonido, allá por Plutón.
Y entonces aquella cola de personas tan larga, ligera y veloz, se convirtió en un rayo de luz.
Sofía Ciarlo es una artista multidisciplinar nacida en Caracas. Tras su paso por la Universidad de Málaga con estudios de marketing e investigación de mercados, realizó diversos cursos de diseño gráfico así como narrativa en cómic y dibujo en París y Grenoble. Se graduó de la Escuela de Arte de Granada como técnico superior en artes plásticas y diseño en cómic. Ahora, como egresada de la ESAD de Málaga habiéndose formado tanto como directora y actriz tanto en Málaga como en Bratislava en el grado de Dirección Escénica y Dramaturgia, parte con el deseo de explorar el arte teatral y de seguir desarrollándose como artista.




