Me recibirán con los brazos abiertos
los ángeles y los arcángeles
que tú,
serpiente,
negabas.
Mirarás al vacío
encontrando tan sólo tu reflejo,
copiarás del justo
y condenarás al bueno.
¿Dónde quedó la ternura
que depositó en ti tu madre?
A tu madre no le ves,
tu madre no te conoce
ni te volverá a mirar,
destruiste a su hijo.
Lo dejaste abandonado
en la primera promesa del oro,
la cambiaste por las monedas
y la fama momentánea.
Que todos son los malos,
que a ti te han hecho daño,
pero no ves la estaca que rasga tu ojo.
Cuidado con la bondad
que enuncias sin conocer.
Cuando muerdes,
¿callas?
¿o es tan sólo una pausa
para depositar el veneno de tus entrañas?
Nadie se da cuenta
que tu ponzoña es lenta
y roba la vida
como roba la luz.
Ser infame, que promete el Paraíso
a cambio de una obediencia impecable.
No dudarás.
No hablarás.
Ni cuestionarás.
Cuidado,
que al abrir la boca,
el veneno se vuelve presente.Cielo Constanza Uscanga Martínez (Cuernavaca) es poeta, traductora, investigadora. Historiadora por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (Ciudad de México), ha participado en diversos congresos y estudia el doctorado de literatura en español en la Universidad de California (California, Estados Unidos). Su obra poética explora la espiritualidad, la memoria y el cuerpo como territorios donde lo sagrado y lo cotidiano se encuentran. Su escritura se caracteriza por un lenguaje íntimo, de profunda sensibilidad simbólica y una búsqueda constante de reconciliación con la divinidad y el origen.



