«No se descubría signo alguno de prometida liberación; lo que todos los demás habían encontrado en la máquina, el oficial no lo encontró; los labios estaban casi apretados, los ojos abiertos parecían estar vivos, la mirada era tranquila y convencida.»-Franz Kafka, En la colonia penitenciaria
«Me impuse no escribirles ninguna carta más. He fracasado rotundamente.»-Tobías Pernath
A F.F.
En aquella noche, en aquella noche infame
—Marte en el cielo blandía su fiera lanza
y el magno Plutón bañaba en sangre
el disco de plata creciente—
soñé con tu rostro azotado por el odio,
el devenir de los años, la gloria marchita
y la alquimia maldita del amor no encontrado
transmutado en la piedra de la locura.
Rodeado de cuadros de tu yo infante
—imágenes que jamás he visto—
encadenado me encontraba
en una máquina de tortura marcial:
férreos y herrumbrados clavos
acariciaban mi espalda. Con un sutil
accionar de palanca, atravesarían mi cuerpo
a través de la garganta, los sesos, la tráquea,
los brazos, los muslos, la espalda.
Tus ojos fijos en los míos, astros brillantes
como Ishtar. Tu mano en el mecanismo.
«El ego: escudo protector, flecha de Heracles.
Ruindad: túnica de Nemea, sublimación aciaga.
Me has acusado de […] Pero tú también
eres culpable. Mira en mi pálido rostro
el reflejo de lo que has hecho y de lo que has sido.
El reflejo grita: "yo te condeno"», y esto dije
mientras tus ojos estaban fijos en los míos, astros lóbregos,
estrellas de corrupción y muerte.
La sombra primigenia apareció
de entre su corte de putrefacción y dijo:
«Los condeno a ambos». E irguieron una
segunda máquina de tortura frente a la mía,
y en lo alto de ella había una placa donde se leía:
«Eres lo que no deseas ver».
Encadenada dijiste: «En lo alto de tu máquina se lee:
"eres lo que no deseas ver"».
La sombra primigenia, con una mano
en cada mecanismo, cantó divino el Dies Irae;
y gritó con una voz ultraterrena que ascendía
de los abismos últimos —en su tono distinguí
la voz de aquella niña que en mi regazo murió,
distinguí tu voz, distinguí mi voz—
y accionó el mecanismo; tus ojos en los míos,
postreros respiros. Y he aquí que lo que pasaba
en un cuerpo pasaba en el otro:
los clavos bajaron, barrenando la nívea piel,
capa a capa, hasta los lánguidos músculos,
en una agitación atroz, espetando los órganos.
Hasta que de la espalda hasta mi pecho
un clavo se asomó, y lo mismo en tu cuerpo.
La funérea sombra arrancó nuestros cuerpos
de las máquinas y nos arrojó a un vertedero
de podredumbre, para ser alimento carroñero.
Un perro infernal llamado «Ego-Ceguera»
se alimentó de nuestra carne.
Los otros cadáveres que allí se encontraban
no eran más que innumerables repeticiones
de tu rostro, innumerables repeticiones
de mi rostro. Con voz estertosa,
entre sanguinolenta saliva susurraste
en mi oído: «no eres nadie en mi mente.
Te irás y todo seguirá igual en mi mente,
morirás y todo seguirá igual en mi mente.
Todo lo que has hecho ha sido vano,
soy así y tú eres vano,
esto es vano. Te olvidaré».
Morí, pero aun muerto mis ojos lloraban,
hasta que la bestia me arrebató la luz mortuoria
y solo tuve dos cuencas cual lagos de sangre.
Entonces muerto pronuncié la palabra
«amistad», y yací así, cubierto día tras día
por una montaña de cadáveres tuyos y míos.
En aquella noche, en aquella noche infame
—Marte en el cielo blandía su fiera lanza
y el magno Plutón bañaba en sangre
el disco de plata creciente—
esto soñé.
(Al despertar, en mi paladar estaba la palabra
«amistad». Al despertar, en mi paladar estaba
un sabor de sangre y herrumbre.
Al despertar, hubo silencio, y el día fue silencio.
Y dudé en buscarte. «Fui, soy y seré olvido» pensé.
En el espejo encontré tu rostro y no el mío.
Y desperté de nuevo. Sueño dentro de un sueño.)Angelo Chacón Sequeira (San José, Costa Rica) es escritor y profesor en formación de Literatura y Castellano en la Universidad de Costa Rica. Escribe poesía, teatro, aforismo, ensayo y relato, con una marcada presencia de la tradición clásica, lo simbólico y lo fantástico. Su escritura se centra en la muerte, el desasosiego, la culpa y la reflexión metafísica. También ha traducido poesía de H. P. Lovecraft.



